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La mayoría de las familias no acuden a consulta a la primera dificultad.
Lo habitual es intentarlo todo antes: hablar más, castigar menos, castigar más, dar premios y recompensas, ser más firmes, ser más comprensivos, buscar consejos, aplicar técnicas que funcionan “según dicen”.
Es normal. Todos queremos poder con esto solos. Y las redes nos dan mil ideas, a cada cual más ingeniosa…, pero la verdad es que la cosa en lugar de mejorar, empeora…
El problema no es intentarlo.
El problema es permanecer demasiado tiempo en una dinámica “cambiante” que genera caos, confusión y desgaste emocional.
Saber cuándo acudir al psicólogo infantil no significa que tu hijo tenga algo “grave”. En muchos casos significa que los adultos necesitan un marco claro para sostener la tarea educativa sin ir dando palos de ciego.
En mi consulta en Coruña, cada día veo un patrón repetido, igual que las he visto en Madrid, Sevilla, o en cualquier parte del mundo, porque es una respuesta normal en todas las casas con niñas y niños.
Las familias suelen llegar a la consulta de psicología después de haber probado muchas cosas
Esa incoherencia, aunque del 100% de familias nace del amor y la desesperación, genera dos consecuencias claras:
La escalada es progresiva de la situación ¡Y el caos familiar también!
Lo que empezó siendo una rabieta ocasional se convierte en conflictos diarios.
Lo que era una dificultad puntual pasa a definir el clima familiar.
Y en ese punto surge la pregunta:
¿Es el niño el que necesita ayuda o somos nosotros los que necesitamos orientación?
Antes de plantearse cuándo acudir al psicólogo infantil, conviene revisar algunas bases fundamentales:
Muchas veces el problema no es el niño, sino la ausencia de un marco educativo sólido.
Aquí es donde la Disciplina Positiva actúa como un paraguas, o como a mi me gusta verlo como un FARO:
Como una guía clara sobre cómo posicionarse ante cualquier conflicto, ya sea una rabieta a los 3 años o un problema con el móvil a los 14.
Si se aplican “tips” como si fueran trucos de magia sin cambiar la mirada de fondo, el resultado suele ser frustrante.
Sin coherencia y actitud firme y respetuosa a la vez, las técnicas pierden eficacia.
Si tras revisar estos aspectos la situación no mejora, o el desgaste continúa, es momento de pedir ayuda.
Estas son señales claras de que conviene acudir a un psicólogo infantil o recibir orientación profesional:
Hay otra señal menos visible pero muy importante:
Sentir que has perdido claridad como madre o padre.
Que pasas del grito al abrazo y del abrazo al grito.
Que no sabes si estás siendo demasiado permisivo o demasiado autoritario.
Cuando eso ocurre, no se trata únicamente de conducta infantil. Se trata de un sistema familiar que necesita reorganizarse y las buenas noticias, es que es mucho más fácil de lo que parece.
Muchos padres temen que acudir a un centro de psicología infantil o familiar, implique que el niño o la niña están “mal”.
Y la realidad es muy distinta a esa creencia. Lo que cambia cuando se recibe orientación es:
En muchos casos, el trabajo empieza con las personas adultas. Porque cuando la madre, el padre, y todas las personas adultas responsables de la infancia tienen claridad, el niño o la niña encuentra estabilidad.
La Disciplina Positiva ofrece ese marco que permite afrontar cualquier dificultad presente o futura con una actitud firme, respetuosa y coherente.
La pregunta no es solo cuándo acudir al psicólogo infantil.
La pregunta es: ¿Está funcionando lo que estás haciendo?
Es recomendable pedir ayuda cuando:
No es necesario esperar a que la situación sea extrema.
Cuanto antes se interviene, más fácil es reconducir la dinámica familiar.
Pedir ayuda no tiene nada que ver con el fracaso, como muchas personas piensan.
Pedir ayuda a profesionales de la psicología infantil es asumir la responsabilidad de educar con conciencia.
Para mí, acudir a recibir esa guía me parece algo vital y necesario en los tiempos que vivimos.
Si estás en A Coruña, tanto si tienes dudas de las necesidades familiares en este aspecto, como si sientes que la situación en casa se ha vuelto tensa o confusa, puedo ayudarte a encontrar esa claridad y coherencia educativa, en nuestro Centro Integral de Disciplina Positiva, de forma presencial.
También, de forma online en Galicia o desde cualquier otro punto, acompaño a familias que necesitan reorganizar la dinámica sin esperar a que el conflicto se cronifique.
No es necesario que tu hijo o hija tengan un problema grave, estaré encantada de darte ayuda profesional para que puedas actuar a tiempo y alcancéis el equilibrio familiar de forma sostenible.
No. Muchas consultas son preventivas y se centran en orientación familiar.
Un profesional puede ayudarte a diferenciar entre un momento evolutivo y una dificultad que requiere intervención. Y como hay muchas etapas por pasar, tener esa guía que me orienta siempre va a ser bueno.
Si los conflictos son intensos y persistentes, hay cambios de comportamiento bruscos o sientes desgaste emocional constante, puede ser momento de consultar. No es necesario esperar a que la situación sea extrema.
Desde los primeros años de vida. Muchas intervenciones tempranas se centran en orientación a padres de niños de 2 o 3 años.
Las rabietas son evolutivas, pero cuando son desproporcionadas, muy intensas o generan un clima familiar muy tenso, conviene valorar la situación con un profesional.
No. Significa que estás asumiendo tu responsabilidad educativa y buscando claridad antes de que el problema se cronifique.
En muchos casos, el proceso comienza con las personas adultas, porque la familia es parte esencial del cambio.
Depende de cada caso, pero lo determinante no es la rapidez, sino la claridad del enfoque y la implicación familiar.
Si te estás preguntando cuándo acudir al psicólogo infantil, es posible que ya estés sintiendo que algo necesita cambiar.
No esperes a que el conflicto se cronifique y contacta, en los centros de psicología infantil profesionales te orientamos sobre si vuestro caso es necesario una intervención profesional o no.
La infancia necesita personas adultas que tengan el paraguas adecuado para acompañarlo.