Cuando un niño pega, la conducta es lo que vemos. Pero para poder intervenir necesitamos comprender qué está ocurriendo debajo: qué siente, qué interpreta, qué necesita y qué habilidad todavía no tiene disponible.
Entenderlo no significa permitir la agresión. Significa poder poner un límite y, al mismo tiempo, intervenir sobre lo que la está provocando.
Si estás aquí, probablemente ya has vivido alguna de estas situaciones:
- Tu hijo pega, grita o pierde el control y tú no sabes cómo reaccionar sin empeorar las cosas.
- Has probado hablar con calma, castigar, quitar privilegios… y aun así, todo se repite.
- Y lo más difícil no es solo lo que hace tu hijo, sino la sensación de no estar sabiendo ayudarle.
Para saber cómo actuar no basta con preguntarnos cómo detener la conducta. Necesitamos observar cuándo aparece, qué ocurre antes y qué puede estar intentando resolver el niño de una manera que todavía no es adecuada.
Agresividad en niños pequeños: hasta los 3 años
En los primeros años de vida, los niños todavía necesitan mucha ayuda del adulto para regular emociones intensas. Validar y poner nombre a lo que sienten, acompañarlos y ofrecer un modelo de respuesta más adecuado forma parte de ese aprendizaje.
El límite sigue siendo necesario: comprender su enfado no significa permitir que peguen.
Agresividad entre los 3 y los 5 años
A estas edades pueden aparecer golpes, empujones o reacciones intensas especialmente ante la frustración, los límites o los conflictos con otros niños.
Todavía están desarrollando recursos para esperar, negociar, expresar lo que necesitan y tolerar que las cosas no ocurran como esperaban. El acompañamiento del adulto debe combinar un límite claro con el aprendizaje de alternativas.
«Agresividad» en niños de 6 a 12 años
A estas edades pueden aparecer golpes, empujones o reacciones intensas especialmente ante la frustración, los límites o los conflictos con otros niños.
Todavía están desarrollando recursos para esperar, negociar, expresar lo que necesitan y tolerar que las cosas no ocurran como esperaban. El acompañamiento del adulto debe combinar un límite claro con el aprendizaje de alternativas.
Agresividad en niños de 6 a 12 años: qué puede haber detrás
Entre los 6 y los 12 años ya esperamos progresivamente una mayor capacidad para expresar lo que ocurre con palabras, respetar determinadas normas, tolerar la frustración y resolver conflictos sin recurrir a la agresión física.
Por eso, cuando un niño de estas edades pega de forma repetida, conviene no quedarse únicamente en intentar detener la conducta.
No todos los episodios tienen el mismo origen.
Puede haber frustración, dificultad para regular una emoción intensa, conflictos con otros niños, sensación de injusticia, necesidad de tener control, dificultades para expresar lo que necesita o dinámicas de relación que se han ido repitiendo.
Para comprender mejor qué está ocurriendo, observa:
- ¿En qué situaciones suele aparecer?
- ¿Ocurre principalmente en casa, en el colegio o en ambos lugares?
- ¿Sucede con determinadas personas?
- ¿Qué suele pasar justo antes de que pegue o pierda el control?
La pregunta no es solamente:
«¿Cómo hago para que deje de pegar?»
También necesitamos preguntarnos:
Comprenderlo no elimina el límite. Pegar o hacer daño no es una forma aceptable de resolver un conflicto. Pero podremos intervenir mejor cuando sepamos qué necesita aprender ese niño además de decirle lo que no puede hacer.
¿Esto se está repitiendo en vuestra familia?
Si los episodios de agresividad están afectando a vuestra convivencia, podemos analizar vuestra situación de forma individual.
Agresividad en adolescentes: cuándo prestar especial atención
Durante la adolescencia también pueden aparecer episodios de pérdida de control, especialmente en momentos de conflicto o gran intensidad emocional.
Cuando la agresividad es frecuente, intensa o está afectando seriamente a la convivencia, las relaciones o el funcionamiento cotidiano, conviene no quedarse únicamente en intentar controlar la conducta y valorar qué está ocurriendo.
Qué hacer cuando tu hijo pega
1. Detén la conducta y mantén el límite
Lo primero es evitar que continúe haciendo daño. Comprender lo que siente no significa permitir la agresión.
2. Intenta regularte tú primero
Responder desde el grito o el enfado suele aumentar el nivel de tensión. La calma del adulto ayuda a no escalar el conflicto.
3. No intentes resolverlo todo en pleno desbordamiento
Ese no suele ser el mejor momento para explicar, preguntar durante mucho tiempo o exigir una reflexión.
4. Cuando haya recuperado la calma, intenta comprender qué ocurrió
¿Qué pasó antes? ¿Qué estaba sintiendo? ¿Qué interpretó? ¿Qué necesitaba?
5. Ayúdale a buscar una alternativa
La pregunta no termina en «esto no se hace». Necesitamos ayudarle también a encontrar qué puede hacer la próxima vez.
6. Repara el daño cuando sea necesario
Después del conflicto podemos ayudar al niño a responsabilizarse de lo ocurrido y buscar una manera respetuosa de reparar.
Qué no suele ayudar cuando un niño pega
- Centrarnos únicamente en castigar la conducta.
- Gritar o responder desde el mismo nivel de agresividad.
- Etiquetar al niño como «agresivo», «malo» o «problemático».
- Intentar razonar con él cuando está completamente desbordado.
- Exigir únicamente que pida perdón sin trabajar qué ocurrió.
- Cambiar continuamente de estrategia sin comprender qué se está repitiendo.
Cuándo conviene pedir orientación profesional
No todos los episodios de agresividad infantil significan que exista un problema grave.
Pero si las conductas son muy intensas, se mantienen en el tiempo, están afectando a la convivencia familiar, generan sufrimiento o empiezan a provocar dificultades importantes en el colegio o en sus relaciones, puede ser conveniente valorar la situación de forma individual.
Si tu hijo pega y esta situación se está repitiendo
Cuando la agresividad empieza a afectar a vuestra convivencia y ya no sabes cómo intervenir, una sesión de orientación familiar puede ayudaros a comprender qué está ocurriendo en vuestro caso concreto y decidir cómo actuar.
SOLICITAR UNA SESIÓN DE ORIENTACIÓN FAMILIAR
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Por Bibiana Infante Cano
Psicóloga clínica colegiada y Entrenadora Líder Certificada en Disciplina Positiva. Más de 25 años de experiencia en psicología y acompañamiento a familias. Consulta presencial en A Coruña y acompañamiento online.