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Castigo o consecuencia: cómo saber si tu hijo está aprendiendo o solo obedeciendo

“Esta semana te quedas sin tablet”.

“Como no has recogido, no vas al cumpleaños”.

“Te vas a tu cuarto hasta que aprendas”.

¿Castigo o consecuencia? A veces cambiamos la palabra castigo por consecuencia pensando que con eso estamos educando de otra manera. Pero una consecuencia no se convierte en educativa simplemente porque la llamemos así.

La diferencia está en otro lugar: ¿qué está aprendiendo mi hijo mientras la cumple?

Esta es una pregunta que utilizo mucho cuando trabajo con familias porque nos obliga a mirar más allá del resultado inmediato. Que un niño deje de hacer algo no significa necesariamente que haya aprendido qué hacer la próxima vez.

 

Castigo y consecuencia no son lo mismo.

Imaginemos que un niño  o una niña rompe algo mientras juega de una forma que ya habíamos acordado que no era adecuada.

Le decimos:

“Pues ahora te quedas una semana sin tablet”.

Probablemente le moleste. Puede que proteste. Incluso puede que la próxima vez recuerde lo ocurrido y evite repetirlo.

Pero ¿qué relación tiene la tablet con aquello que ha sucedido?

Ninguna.

Hemos introducido algo desagradable para intentar que una conducta no vuelva a producirse. Podemos llamarlo “consecuencia”, pero cambiarle el nombre no cambia lo que estamos haciendo.

Una consecuencia educativa debería ayudar al niño o al adolescente a comprender lo sucedido, asumir la parte de responsabilidad que le corresponde y desarrollar alguna habilidad que pueda utilizar en una situación parecida.

Por eso, cuando dudamos entre castigo o consecuencia, conviene dejar de preguntarnos únicamente si nuestra respuesta “funciona”.

La pregunta interesante es qué enseña.

 

Por qué el castigo puede funcionar a corto plazo y no enseñar lo que esperamos.

Este es uno de los motivos por los que los castigos resultan tan tentadores: muchas veces consiguen un resultado inmediato.

El niño para.

Obedece.

Entrega el móvil.

Se va a su habitación.

Y el conflicto, aparentemente, termina.

Pero conseguir que una conducta se detenga y conseguir que un niño aprenda son dos cosas diferentes.

Existe además abundante investigación sobre los efectos del castigo físico. Un conocido metaanálisis de Elizabeth Gershoff y Andrew Grogan-Kaylor, que reunió 75 estudios con más de 160.000 participantes, encontró asociaciones entre el castigo físico y resultados negativos como mayor agresividad y problemas de conducta. NP_castigo_vs_consecuencia

Esto no significa que podamos trasladar automáticamente esos resultados a cualquier consecuencia que pongamos en casa. Quitar una tablet y ejercer un castigo físico no son lo mismo.

Pero sí nos sirve para recordar algo importante: que una intervención consiga obediencia inmediata no es suficiente para valorar si está educando.

Educar implica pensar también a medio y largo plazo.

Queremos que nuestros hijos aprendan a tomar decisiones incluso cuando nosotros no estamos delante.

Cómo saber si una consecuencia realmente educa.

En Disciplina Positiva utilizamos algunos criterios muy sencillos que pueden ayudarnos a comprobarlo.

Una consecuencia debería ser relacionada, respetuosa, razonable y útil para aprender.

Relacionada, porque debe guardar relación con lo ocurrido.

Si mi hijo ha roto algo, la consecuencia puede estar relacionada con reparar, reponer o hacerse cargo de alguna manera adecuada a su edad. Quedarse sin postre no tiene ninguna relación con lo sucedido.

Respetuosa, porque aprender no requiere humillar, ridiculizar, amenazar ni hacer sentir mal deliberadamente.

Podemos estar enfadados. Podemos ser firmes. Podemos decir que no. El respeto no significa que todo tenga que resultar agradable.

Razonable, porque la respuesta tiene que ser proporcionada a lo ocurrido y adecuada a la edad y a las capacidades del niño o adolescente.

Y útil, porque debería permitirle aprender algo que pueda hacer de manera diferente la próxima vez.

Este último criterio me parece especialmente importante.

No queremos solamente que nuestros hijos sepan qué no deben hacer.

Queremos ayudarles a desarrollar recursos para saber qué pueden hacer en su lugar.

 

Ejemplos para diferenciar castigo y consecuencia.

A veces se ve mucho mejor con situaciones concretas.

Ha roto algo y se queda sin tablet o sin móvil.

Si un niño rompe algo por utilizarlo de manera inadecuada y decidimos retirarle la tablet o sin móvil durante una semana, estamos introduciendo una sanción que no guarda relación con lo ocurrido.

Una consecuencia relacionada podría ser participar en la reparación, recoger lo que se ha roto o contribuir de alguna manera —siempre adecuada a su edad— a solucionar el problema.

El foco cambia de “te hago pagar por lo que has hecho” a “¿cómo podemos hacernos responsables de lo que ha ocurrido?”.

Un adolescente llega más tarde de la hora acordada

Podemos reaccionar prohibiéndole salir durante un mes.

O podemos detenernos en el problema que realmente tenemos delante: había un acuerdo y no se ha cumplido.

¿Qué ocurrió? ¿El horario era realista? ¿Avisó? ¿Es algo puntual o está sucediendo repetidamente? ¿Qué necesitamos acordar para recuperar la confianza?

Escuchar estas respuestas no significa que desaparezcan los límites.

Significa que la respuesta está relacionada con responsabilidad, acuerdos y confianza, que es precisamente lo que queremos enseñar.

No recoge y pierde una actividad que le gusta

“Como no has recogido tu habitación, no vas al cumpleaños”.

Puede resultar eficaz para conseguir que recoja rápidamente.

Pero el cumpleaños sigue sin tener ninguna relación con aprender a hacerse responsable de sus cosas.

Si el problema es que aquello que utiliza queda constantemente tirado, podemos trabajar sobre eso: qué necesita recoger, cuándo, qué ocurre con aquello que no se cuida o cómo organizamos esa responsabilidad.

La consecuencia deja entonces de ser algo que le hacemos al niño y empieza a formar parte de la solución del problema.

 

¿Cuál es la diferencia entre castigo y consecuencia?

La principal diferencia entre un castigo y una consecuencia educativa está en su finalidad. El castigo busca que una conducta no vuelva a producirse mediante una experiencia desagradable. Una consecuencia educativa guarda relación con lo sucedido y ayuda al niño o adolescente a asumir responsabilidad, reparar cuando sea necesario y aprender qué puede hacer de otra manera la próxima vez.

Por eso, al decidir entre castigo o consecuencia, no basta con preguntarnos si la medida conseguirá que nuestro hijo obedezca. Conviene preguntarnos también qué habilidad estamos ayudándole a desarrollar.

 

Poner límites sin castigar no significa ser permisivo.

Este es uno de los malentendidos que encuentro con frecuencia cuando hablamos de Disciplina Positiva.

Parece que solo existieran dos posibilidades: castigar o dejar hacer.

Y no.

Podemos poner límites claros.

Podemos mantener un no.

Podemos pedir responsabilidades.

Podemos intervenir cuando una conducta no es aceptable.

Podemos sostener una decisión aunque nuestro hijo se enfade con ella.

La Disciplina Positiva no propone eliminar los límites. Propone combinar firmeza y amabilidad.

La firmeza tiene que ver con respetar la situación, los acuerdos y también nuestras propias necesidades.

La amabilidad tiene que ver con respetar al niño o al adolescente que tenemos delante, incluso cuando necesitamos corregir su comportamiento.

No tenemos que elegir entre una cosa y la otra.

¿Y si ya he castigado?

Nada terrible si ya has pasado por el momento del castigo.

También los adultos aprendemos educando.

No existe una forma de criar en la que respondamos siempre de la manera perfecta, encontremos las palabras exactas y sepamos inmediatamente qué hacer ante cada conflicto.

A veces reaccionaremos desde el enfado.

A veces pondremos una consecuencia y después nos daremos cuenta de que no tenía ninguna relación con lo ocurrido.

Podemos revisarla.

Podemos decir:

“Lo he pensado mejor. Lo que te dije antes no tiene mucho que ver con lo que ha pasado. Vamos a buscar otra manera de solucionarlo”.

Eso tampoco nos resta autoridad.

Al contrario: estamos modelando algo que queremos enseñar a nuestros hijos durante toda su vida. Darse cuenta de un error, asumirlo y repararlo.

 

La pregunta que puede cambiar nuestra manera de poner consecuencias

Cuando no sepas si estás poniendo una consecuencia educativa o simplemente un castigo con otro nombre, prueba a hacerte esta pregunta:

¿Qué está aprendiendo mi hijo mientras la cumple?

La idea está en el centro del planteamiento original de este artículo: una respuesta puede conseguir que un niño deje de hacer algo y, sin embargo, no ayudarle a decidir mejor la próxima vez. NP_castigo_vs_consecuencia

Si la respuesta es “está aprendiendo que si hace X yo le quitaré Y”, probablemente todavía podamos darle una vuelta.

Si está aprendiendo a reparar, organizarse, cumplir un acuerdo, asumir una responsabilidad, buscar una solución o tomar una decisión diferente, estamos mucho más cerca del objetivo.

Porque nuestro trabajo como padres y madres no consiste en conseguir que nuestros hijos se comporten bien únicamente cuando estamos delante.

Consiste en ayudarles, poco a poco, a desarrollar las habilidades necesarias para tomar buenas decisiones cuando ya no necesiten que estemos allí para decirles qué hacer.

 

Cuando los conflictos se repiten y no sabes cómo intervenir

Hay momentos en los que conocemos perfectamente la teoría y, aun así, en casa las cosas no funcionan.

El mismo conflicto se repite. Los límites terminan siempre en discusión. Tenemos la sensación de estar negociándolo todo o, por el contrario, acabamos recurriendo una y otra vez al castigo porque no sabemos qué hacer en su lugar.

En esos casos no siempre necesitamos otra lista de consejos.

A veces necesitamos entender qué está ocurriendo en esa familia concreta, qué hay detrás de determinadas conductas y qué podemos modificar en nuestra forma de responder.

 

Consulta de orientación familiar con Bibiana Infante

 

Soy Bibiana Infante, psicóloga clínica y Entrenadora Líder Certificada en Disciplina Positiva, miembro de  la Asociación de Disciplina España y  Positive Discipline Association .  Desde mi consulta en A Coruña acompaño a madres y padres con niños y adolescentes a comprender estas situaciones y encontrar herramientas adaptadas a su realidad familiar.

Si sientes que estáis atrapados en los mismos conflictos y necesitas orientación para vuestro caso concreto, puedes conocer cómo trabajo en el servicio de Asesoramiento Familiar.

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